Segunda Parte: Entendiendo la deuda y como evita que seamos buenos mayordomos de los recursos que Dios nos da Gracias por reunirse con nosotros una vez más. La semana pasada hablamos de cómo traer nuestros diezmos y ofrendas al Señor. También discutimos un plan de gastos. Una manera de vivir con lo que Dios le ha dado, siguiendo el plan de Dios y al mismo tiempo teniendo en mente el cuidado de su familia. Pero hay algo que previene la gran mayoría de los cristianos en Norteamérica a seguir el plan de Dios para sus vidas. . . y es el tener Demasiadas Deudas. Estuve leyendo sobre un pastor que fue a Turquía. Mientras estuvo allá, notó que había casas que estaban en diferentes etapas de construcción por todas partes de las ciudades. Parecía que alguien las había comenzado y las había dejado a mitad de construcción y abandonado. El pastor le pregunto al misionero que había sucedido. El misionero le explicó que el Corán amonesta en contra de tener deudas u ofrecer préstamos. Porque el gobierno es musulmán, tienen leyes muy estrictas en contra de los préstamos. De modo que la gente ahorra el dinero hasta que pueden construir. Cuando se les acaban los ahorros, paran la construcción y vuelven a trabajar hasta que ahorran suficiente dinero para continuar. Imagínese si tomáramos nuestras amonestaciones bíblicas sobre la deuda tan seriamente. . . Al contrario, tenemos lo que llamamos “el sueño norteamericano”. Sólo que cada día que pasa este sueño aparenta convertirse en pesadilla. “Compre ahora y pague después. . .” “90 días, lo mismo que efectivo. . .” Gastamos dinero que no tenemos para comprar cosas para las cuales no tenemos recursos. Para poder pagar por estas cosas, tenemos que trabajar más horas. Sacrificamos el tiempo que tenemos con los que amamos. Dejamos nuestras familias, iglesias y comunidades con menos de lo que ellos se merecen. Todo para impresionar a gente que realmente ni nos importan. La deuda es un “problema norteamericano.” A pesar de que las leyes cambian, 1.8 millones de personas se declararon en quiebra en 2005, un nuevo record. En enero del 2006, hogares en los Estados Unidos gastaron mas de sus ingresos por sobre $575. Casi una de cada 5 personas solamente abonará el pago mensual mínimo en sus tarjetas de crédito. El 40% de las familias norteamericanas gastan más dinero del que ganan mensualmente. “Newsweek” informó que personas mayores que están retiradas, muchas de las cuales tienen un ingreso fijo, tienen un promedio de sobre $4,000 en deudas de tarjeta de crédito.
Solo el 9% de los evangélicos admiten que están en “deuda grave,” el hecho es que tienen tanta deuda – en algunos casos más – que los que no son cristianos. De hecho, el 37% de los cristianos creen que nunca van ha salir de sus deudas. Y muchas iglesias no ayudan el problema al no pagarle suficiente a las personas mas importantes, o esperan que estas personas trabajen más por menos dinero.
Y ¿Por qué es la deuda un problema tan grande? Hemos sido condicionados a tener 3 preguntas relacionadas con una compra a crédito:
¿Cuál es la taza de interés?
¿Cuál es el pago mensual?
¿Cuánto lo deseo?
Cuando las preguntas que debemos hacer son:
¿Cuál es el costo total actual?
¿Cuándo estará saldo?
¿Cuánto realmente lo necesito?
Si yo le preguntara me puede decir ¿cuál es la diferencia entre un 5% y un 10%? La gran mayoría estaría de acuerdo que 5% es mejor. Pero si yo le dijera que el préstamo a 5% le tomará 50 años en pagarlo y que el interés que usted va a pagar es 5 veces más del precio original; mientras que el préstamo por 10% va ha estar pago en 15 años y el total del interés va ha ser una cuarta parte del precio original, entonces ¿que me diría? También, el mundo nos enseña a preguntar ¿Cuánto lo deseo? Los que vivimos vidas santas debemos ser más responsables. Lo que debo preguntar es: ¿Cuánto realmente lo necesito y vale la pena el gasto adicional? ¿Qué haría usted si yo le dijera que la taza de café que se compra con la tarjeta de crédito le va a costar casi $1,000 cuando lo vaya a saldar 7 años en el futuro? ¿Todavía necesitaría esa tacita de café tanto?
Desafortunadamente es muy difícil el evitar las deudas completamente en este mundo. Si usted tiene que tener deudas, debe saber que deudas son mejores que las demás. Hubo una época en la que usted podía depender de las hipotecas. Sin embargo, en estos últimos años, algunos préstamos que fueron diseñados para ayudar a inversionistas, fueron rehechos y apropiados para ayudar familias a comprar casas sin tener los recursos para pagar. Casas que el 10% de las familias perderán este año.
De hecho, el estado de la Florida es el estado número 2 en ejecuciones de hipotecas o “foreclosures.” El Miami Herald informa que el mes pasado solamente, 3.3 millones de hipotecas en la Florida estaban atrasadas mas de 30 días. Realmente, la única deuda que la gran mayoría de las familias pueden tener hoy día es una hipoteca de tasa fija.
El estado de Texas prohíbe las hipotecas de interés solamente y las hipotecas de tasa de interés ajustable. Personalmente, yo creo que esto mismo debe suceder en la Florida. Hasta que el gobernador lo vea de esta manera, evítelos como la plaga/peste.
Otro préstamo popular disponible en estos días es la línea de crédito de equidad de hogar. Los bancos le prometen que no tendrá gastos de cierre y que tendrá acceso a dinero en efectivo cuando lo necesite. Pero lo que usted obtiene es otra tarjeta de crédito. Y si usted no hace un pago, su casa es colateral.
Hay otras deudas que debe evitar, que tienen cierto beneficio. Estas incluyen préstamos estudiantiles, préstamos de vehículos de tasa fija, préstamos de tasa fija al consumidor. Es mejor ahorrar temprano para estos gastos. Pero si todo lo demás falla, al menos estas deudas son razonables. Y por supuesto, la peor deuda es la tarjeta de crédito. Usted probablemente ha escuchado que el interés compuesto es bueno. Cuando usted esta ahorrando, lo es. Pero ¿qué sucede cuando el interés compuesto trabaja en contra de usted? Considere a María. Ella tiene un balance de $500 en su tarjeta de crédito. Ella paga el mínimo cada mes. Y sólo añadía $150 al año en cargos. 5 años después, debe $780. 10 años después, debe $2,050. Sólo está añadiendo $150 al año en cargos. 15 años después, debe $3,720. Todavía está pagando el mínimo cada mes y a tiempo. 20 años después, debe $5,720. 25 años después, está lista para jubilarse, pero debe $7,970. Casi $8,000. Y sólo a cargado menos de $5,000 en ese tiempo. Y ha pagado más de $5,000. ¿Suena esto como un buen negocio? Estadísticas nacionales nos muestran que el caso de María no es usual. Ella solamente cargó $150 al año. Incluso cuando hacen el pago mínimo todos los meses. . . El consumidor promedio va ha gastar un 35% más cuando compra con tarjetas de crédito. Aún las personas mayores de edad tienen un promedio de $4,000 en deudas de tarjetas de crédito. Permítame preguntarle, ¿Cuál cree usted que es la opinión de Dios sobre las deudas? ¿Cree usted que deber dinero refleja el propósito que Dios tiene para usted y su familia? En Proverbios el rey Salomón escribe: “El rico domina a los pobres, y el que toma prestado es esclavo del que presta.” Cuando alguien tomaba dinero prestado en el Antiguo Testamento, se convertían en sirvientes del prestamista hasta que terminaban de pagar la deuda. Cuando usted toma dinero prestado hoy día, usted firma un contrato donde promete pagar el dinero que tomo prestado. Usted a renunciado a su libertad financiera para tener cosas por las cuales no puede pagar. Es entonces así como el prestamista, a cuenta de usted, tiene ganancia financiera. Usted es esclavo hasta que salda su deuda. A lo mejor es por esto que le llaman “Master Card.” (Tarjeta del Maestro). Las personas que tienen deudas sienten la tensión financiera causada por el repago de deudas y concluyen que no pueden dar en la manera que desean por la presión de deudas. ¿Cómo glorifica esto a Dios? En el artículo “Líbranos de la deuda,” Charles Stanley escribió “Primero, la deuda crea pensión, ansiedad, preocupación, y frustración profunda. La persona que sufre bajo tal carga no puede tener un corazón completamente enfocado en Dios. La deuda también puede convertirse en una preocupación mental. Sus primeros y últimos pensamientos cada día son sobre a quién le debe, cuánto le debe, y qué puede hacer sobre lo que debe. Usted no esta en posición de escuchar las prioridades de Dios para su dinero o su tiempo y otros recursos. Segundo, las deudas que no pueden causar miedo – una ansiedad profunda que nunca terminará de pagar sus deudas. Ese miedo es contrario a la fe. El miedo nos separa de Dios. El miedo se convierte en su enfoque. La deuda toma el lugar de Dios. Tercero, las deudas causan tensión en las relaciones familiares. El dinero es una de las causas primarias de las discusiones familiares. Problemas financieros son responsables por el 85% de de los divorcios en Norteamérica. La mala administración del dinero puede sofocar el amor. Mientras más lucha con el dinero, menos tiempo y atención le puede prestar a los que usted ama. Cuarto, las deudas también pueden causar resentimiento hacia aquellos que no tienen deudas ni problemas con el dinero. Comienza a eludir aquellos que le debe. A veces puede eludir aquellos que usted piensa que saben de sus deudas. La deuda puede causarle desconfianza sobre aquellos que parecen no tener problemas financieros. Puede causar envidia. Éstas no son actitudes divinas. Quinto, la deuda hiere el testimonio del cristiano. Las acciones dicen más que las palabras. Usted puede decir que esta confiando en que Dios suplirá todas sus necesidades. Pero si la realidad es que estás contando con las tarjetas de crédito o préstamos, es difícil declararle al mundo que estas confiando en que el Señor suplirá todas sus necesidades y tener demasiadas deudas al mismo tiempo. Su credibilidad está destruida. Finalmente, la deuda afecta su vida espiritual en una forma negativa pues no lo deja escuchar totalmente los planes que tiene Dios para nuestra vida diaria. Si en lo único que usted puede pensar es en sus acreedores, le ha dado a Dios el segundo lugar.
La clave es concentrarse. El problema más grande con el abuso de la deuda es que se enfoca en las posesiones. El materialismo en cualquier forma es pecado. Componemos este pecado al permitir que nos arruine en la deuda. Una vez que la deuda domina nuestras vidas, ya no tenemos control de la deuda si no que la deuda tiene control de nosotros. Al buscar paz fuera de Dios estamos en rebelión. Una rebelión que pagamos diariamente.
La paz verdadera solo viene de Dios. Juan 14:24 nos dice: “La paz os dejo, mi paz os doy. No como el mundo la da, yo os la doy. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.” La responsabilidad también es muy importante. Dios no propone que usted lo haga solo. Como dijo Ron Blue: Para mantenerse en el camino correcto con su plan de reembolso, sosténgase responsable a alguien en cuyo juicio e integridad usted confía.
Para moverse de la esclavitud financiera a la libertad financiera, usted necesita tener alguien en quien confiar para que le ayude a mantenerse responsable. Una posible solución para algunas personas es el ganar más dinero. Y esto sí trabaja para algunas personas.
Sin embargo, más dinero no es la solución para todas las personas. La verdad es que si usted no cambia los hábitos y actitudes que le causaron el tener la deuda en primer lugar, ni siquiera un aumento en su ingreso le ayudará a resolver su problema. De hecho, es posible que se pueda ver en más deudas al pensar que con un aumento puede pagar sus cuentas viejas y al mismo tiempo añadir nuevas deudas. Dios desea bendecirnos.
El es un padre amoroso que se deleita en la prosperidad de sus hijos. El quiere servir sus necesidades. Así mismo, cuando nos dejamos llevar por nuestros deseos y terminamos con deudas, le robamos al Señor. Le robamos la oportunidad de que Él provea para nuestras necesidades o nos demuestre que realmente no son necesidades. Y solo por que tenga los recursos para comprar algo, no significa que Dios quiere que lo compre. El deseo de Dios es que usted participe en la generosidad, no en la avaricia.
Es también importante notar que, mientras Dios no nos quiere endeudados, el declararse en bancarrota tampoco es una opción aceptable. El salmo 37:21 nos dice: “El impío toma prestado, y no paga; Mas el justo tiene misericordia, y da.” Por la ley de Dios, tenemos obligación a pagar nuestras deudas. Y como la disciplina del diezmo. . . podemos confiar que nos proveerá los medios para pagar esas deudas, cuando somos obedientes. Resuelva hoy salir de sus deudas.
Tome la decisión de que va a honrar a Dios con su dinero. Pregúntese usted, ¿estoy honrando a Dios al ser un mayordomo responsable de lo que Dios me ha dado? ¿O estoy gastando basado en estímulos negativos? Considere que si no lo puede pagar en el instante que lo va a comprar, tal vez no es la voluntad de Dios que lo compre. Por lo menos no en ese instante. Antes de comprar cualquier cosa. . . pare por un momento y considere, ¿Cuánto realmente lo necesito? ¿Tengo con qué comprarlo? y ¿vale la pena el precio que voy a pagar? Ejercite control propio y aléjese de las deudas y diríjase hacia una libertad financiera y una fe en Dios sólida. Déle gracias a Dios por ayudarle a medida que va saldando sus cuentas. Convierta el pago de sus deudas en una oportunidad de alabanza.
Una vez que usted da como Dios le ha llamado, y ha ordenado su actitud con respecto a la deuda, usted puede continuar con esta libertad financiera al examinar la provisión de Dios para el futuro de su familia. Y es lo que vamos a discutir la semana que viene.